Arranque el corazón
de mi pecho, lo envolví en una bolsa y fui a la playa, el lugar estaba desierto me
saque el abrigo y entre al agua, saque el corazón de la bolsa y lo hundí en el agua para ahogarlo. Piedad, piedad me
gritaba el maldito, que razonara… ¿Qué
razonara? Pero si el corazón no razona, solo actúa, no piensa, juega vive, pero no razona.
Lo tome con mis manos, lo estrangule, el luchaba por vivir trataba de
respirar y yo mas lo ahogaba, lo empujaba más a lo profundo
Las olas empezaron a crecer con furia y se desato
una tormenta, el corazón lloraba, ahora
te toca a ti llorar, dejaste una cicatriz en mi pecho y nunca te importo y cada
vez que la abrías te reías de mí, ahora es mi turno de reír le dije y más fuerte lo apreté con mis manos, el corazón
luchaba por su vida “piedad piedad por favor” me gritaba mientras tragaba agua,
nunca tuvo compasión por mí y me pide piedad.
En su último aliento me dijo “Nunca más, te lo
prometo, nunca más”. Pero esta vez no le creí.
Camine para la orilla, tome las cosas que deje y saque un cigarro, me lo fume sentado en la arena mirando las olas abrazar
la orilla, la luna estaba hermosa, aspire el cigarro profundamente, el mar
estaba en calma como una taza de leche y con el reflejo de la luna con el mar
se veía un corazón inerte flotando a la deriva.
Fin

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