Cuentas.

domingo, 11 de enero de 2015

DETRÁS DE LA VENTANA


                      Mire con indiferencia el plato de comida que Francisca había puesto en la mesa, la verdad nunca le dije que detestaba su forma de cocinar, pero supongo que ella lo sospechaba por cómo me miraba, si tuviera un cuchillo en sus manos de seguro no dudaría en enterrarlo en mi cuello, pero sé muy bien que ella no es capaz de hacerlo, no le gusta la violencia, solo me mira con sus ojos tristes, apagados, y sin sonrisa, nunca la veo reír. No sé cómo aún vivo con ella, desde niños nos llevábamos muy bien y ahora no nos soportamos, es mi hermana hay que tener compasión por ella, tengo que cuidarla; Desde que nos quedamos solos algo en su cabeza dejo una grieta y la sucumbió en el silencio y la oscuridad. No sale de casa, siempre vive encerrada, solo se queda dos horas al día mirando la calle por la ventana atreves de las cortinas con la luz apagada para que no la miren desde afuera, esto me saca de mis casillas, me desespera, me estaba volviendo loco, su despreciable rutina día a día, siempre la misma hora se levanta, el desayuno servido en la mesa a las 09:05 ni un minuto más ni menos, lo mismo pasa a cada hora que hay que comer,14:05, 18:05, 22:05, a las 16:30 toma una siesta; Tengo que deshacerme de ella, ¿enviarla a un hospital mental? eso es bueno, a si podría descansar, viajar, hacer mi vida, ya son 45 años y 30 años han sido para cuidarla ¿Cuantos amores en mi vida ella me las espanto?.. ¿Tres, dos? No lo recuerdo, solo sé que se alejaron por ella, después solo tuve amoríos fugases fuera de casa. Ya es mucho tiempo, es hora de retomar mis sueños y sacarme esta ancla que me ata. Si, buscare un hospital, uno que este lejos, muy lejos a si tendré la excusa de no poder ir a visitarla. Nadie sospecharía ya que no saben que ella existe ¿familiares? ¿Qué familiares? Desde que murieron nuestros padres no sé nada de ellos, nunca una visita y nada de cartas, fue lo mejor ya no le tengo que explicar nada a nadie. Miro a Francisca mientras come, su mirada impávida sin imaginar lo que estoy tramando, tomo la cuchara pongo algo de sal ya que siempre esto esta desabrido. ¡Claro ¡ la idea llego de relámpago, se cómo hacerlo es una buena idea, justo en la hora de su siesta, cuando este durmiendo plácidamente la ahorcare con mis manos, presionando su cuello fuerte con todo mi odio hasta sentir que se hunde su tráquea y sus ojos mirándome con terror como si salieran de sus cuencas, la matare por robarme todos estos años, luego cuando su cuerpo este inerte, lo llevare al pozo de agua que está en desuso y lo dejare caer, nadie se dará cuenta y si pasando los años la encuentran pensaran que se cayó. Miro el reloj, son las 14:10, sonrió mirando a Francisca, tomo entre mis manos la cuchara y pruebo las lentejas, me doy cuenta que están más sabrosas que nunca, con cada cucharada siento el sabor del triunfo y la libertad, Francisca mira frente a la pared mientras come callada como hipnotizada, no sabe lo que le espera, mi plato está terminado con esta última cucharada, en la mesa está el vino y lleno mi copa como para brindar mi perfecto plan, pero el peso de la botella cae de mis manos derramando el líquido en el mantel , me siento débil y con sed, en eso Francisca lentamente mueve la cabeza y me mira con sus grandes ojos azules, de su boca emerge una mueca de sonrisa, quiero pararme y no puedo, mi cuerpo está paralizado y siento el latido de mi corazón que palpita enérgicamente, gotas de sudor corren por mi frente, Francisca se acerca, toma mi mano y dulcemente, sin quitar su sonrisa me dice al oído.

─ Ya no soporto más hermanito querido, ha llegado tu hora, desde muchos años lo tengo planeado y llego el día; No... No te asustes, no sentirás dolor, no sería capaz de hacerte sufrir, el veneno en tu plato detendrá lentamente tu corazón como si estuvieras durmiendo.─ Yo la miraba con terror, no podía mover los labios me besa en la mejilla y sale del comedor, me quede solo un momento en la soledad, solo sentía mi corazón deteniéndose lentamente, la vista se nublaba a momentos, el sudor corría por todo mi cuerpo ya en el último momento de vida veo a Francisca aun con su sonrisa trayendo una carretilla y dejándola a mi lado. Mi boca está seca, la miro por última vez antes de cerrar mis ojos y mi corazón se detiene.
             Francisca con mucho trabajo toma mi cuerpo y lo deja caer en la carretilla, luego me lleva hasta el patio trasero de la casa justo en donde está el pozo, abre la tapa y con una linterna alumbra en la oscuridad de aquel pozo, besa mis dos mejillas, toma mi cuerpo con mucha fuerza y lo deja caer al fondo, en eso saca un cigarrillo que tenía guardado y lo enciende, fuma tranquilamente disfrutando el momento, nunca en mi vida la vi fumar, bota la colilla dentro del pozo donde mi cuerpo flota en el agua estancada, ella entra a la casa, sube la escala que da a su dormitorio, se cambia ropa, se maquilla y toma sus dos maletas, baja y va en dirección a la puerta de calle, la abre tranquilamente, respira el aire que acaricia su rostro y sale de casa, con una bella sonrisa mostrando sus dientes, mientras yo, o sea, lo que queda de mí, solo una energía, un espectro o un fantasma que la mira desde la ventana, detrás de las cortinas en la oscuridad de la casa, prisionero por toda una eternidad.



Fin


Septiembre 2014





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