Ya
no soporto más esta situación ya no creo en nada de esta vida; dios quizás no
exista, ¡Dios! Si me escuchas, dame una señal para que yo pueda ver esto
un sentido. ¿No me escuchas?,
¿No tienes el poder para
ayudarme?, ¡Claro¡ Claro ya estoy perdido, no tengo tu perdón. ¿Quizás
mi cuerpo esta tan manchado que mi alma se pudrió?, ¿Me he drogado tanto que me
alejo de ti? Basura solo es basura estas ideologías de la religión.
Gritaba Francisco
en la soledad de su departamento en Viña del mar, mientras se miraba al espejo
con un vaso de whisky en su mano izquierda y en la otra la botella. En el
estado que se encontraba ya no razonaba, se había bebido la mitad de aquella
botella, cuando acerco su rostro cadavérico al espejo y vio sus ojos rojos por
efecto de las dos rayas de cocaína que aspiro en el baño de su empresa, bebió
otro sorbo de licor cuando recordó que tenia unos cinco gramos de aquella
sustancia venenosa que el necesitaba para vivir. La busco entre sus cajones y
el cambio que se transformo en su cara decrepita a un rostro lleno de felicidad
y esperanza al tomar entre sus manos aquella bolsita de polvo blanco, fue a la
cocina en busca de fósforos, una cuchara y una vela para prepararlo todo, en el
mismo cajón donde encontró la droga saco una jeringa de esas que usan los diabéticos
para inyectarse insulina y in pedazo de goma. Encendió la vela, en sus
temblorosas manos tomo la cuchara que ya contenía la droga que preparo con un
poco de agua destilada para diluirla, después de unos minutos la droga empezó a
gorgotear indicando que ya era la hora, la droga estaba a temperatura corporal
lista para inyectarla, por que al estar fría se sentiría como millones de
pedazos de vidrios corren por las venas y no se disfrutaría el éxtasis de la
sensación, el mango de la cuchara la toma con la boca para tener sus manos
desocupadas, toma la jeringa y extrae la droga, saborea la cuchara para no
desperdiciar ninguna gota, saca el aire de la jeringa, se amarra con la goma su
antebrazo izquierdo, se da unos golpecitos con los dedos para que la vena
florezca y pueda dar un toque certero, bebe el ultimo
sorbo de whisky, toma entre sus manos la jeringa como un experto doctor que va
a inyectar a un paciente con penicilina, presiona los labios y empuña la mano
del brazo que recibirá el estupefaciente. La aguja rompe la piel y llega a la
vena deposita el liquido toxico que viajara por su cuerpo hasta su corazón y su
cerebro, desata la goma de su
brazo, mira a su alrededor fija sus ojos en un afiche de cine de la película el
padrino y se ve a el acariciando un gato, su vista se nubla no distingue la
hora del reloj de la pared, tira la jeringa al suelo se tira de espalda en la
cama, la habitación da vueltas y cerro sus ojos.
Al despertar
reía solo como entupido, se levanto y se acerco a la ventana, la abrió y
percibió la brisa de la tarde en su rostro como una bofetada que a la vez
penetraba en sus poros, todo su cuerpo se mezclo con el oxigeno, su pecho se
inflaba al llenar al máximo sus pulmones de aire. Ya estaban unidos eran uno,
sintió en su interior el viento, sus manos se desvanecían ya no era
materia, no era carne ni huesos sus ropas cayeron pero no existía su cuerpo, el
ocupaba toda la habitación, era una transformación total, una agradable
sensación, era aire y viento que giraba libre por todo rincón, empezó a caer un
roció pero era el que estaba llorando de felicidad.
— Por fin
libre, por fin estoy vivo—Gritaba Francisco, mientras la puerta se abre de
golpe y entra Patricia su novia.
— ¡No! Otra
vez lo mismo. —Exclamo tomándose la cabeza con ambas manos al morar los
implementos que utilizo Francisco.
— Amor,
amor. No llores mira estoy aquí, siente mi abrazo. —Mientras francisco decía
esto su brisa acariciaba la mejillas de patricia secando sus lagrimas y soplo
tan fuerte que fue como un abrazo. —Ahora soy feliz amor, te protegeré siempre,
te refrescare y te daré todos los aromas de los campos y flores de todo el
mundo en un solo soplo. Tu casa estará siempre aromática, siente mi brisa
y el soplido del viento la frescura de mi sano aire.
Patricia solo
escuchaba con miedo y lágrimas en sus ojos, cruzo la habitación temblorosa y se
acerca a la ventana.
— ¿Qué haces
amor? —Le pregunto Francisco con curiosidad.
—
Cerrare la ventana, hace mucho frió y no quiero que….
— ¡No! No lo
hagas amor mió, si haces eso me extingo, desaparezco. ¿No lo entiendes?
—Francisco hablaba mientras revolotea entre los negros cabellos de Patricia.
— No, no lo
entiendo Francisco por Dios ¿Que te pasa?
— Escúchame,
necesito dar mi fresco aire, esta mutación a sido un milagro. Cada vez que
sientas el viento rozar tus mejillas, soy yo el que te acompaña.
Francisco
soplo nuevamente por toda la habitación como un huracán, luego se calmo y como
una brisa suave y perfumada acaricio las mejillas de patricia como quien da el
último beso de despedida.
— ¡No! Que
pretendes hacer Francisco, por favor ¡Francisco, no…. No…!—Gritaba Patricia con
terror mientras Francisco salio volando por la ventana y mintió expandirse y se
fue volando, volando libre para siempre sin nunca mas volver.
Fin
Septiembre del 2002

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