La silla de ruedas estaba botada en el
suelo, ella arrastrándose para alcanzar
el teléfono que está a unos centímetros más haya, lo toma y marca el número
952371…pero un golpe del bastón en su mano le hizo soltar el teléfono, sin
permitir terminar de marcar el número, mira a los ojos a su asesino, pagaría
tarde o temprano con su muerte después de tanto daño, el asesino sonríe y deja
caer en el cráneo de ella un contundente fierro y empieza a golpearla
reiteradamente en la cabeza como si fuera una pelota de hule, despedazándole la
nariz y los pómulos, con cada golpe que daba el odio se escapaba del alma, la
quijada se rompió en pedazos desfigurando su cara inerte, los dientes saltan
lejos dejando trozos de carne y sangre por el suelo, al dejar de golpear la
cara de su víctima suelta el instrumento, ve sus manos llenas de sangre,
después para terminar su obra mete los dedos en lo que queda de boca tira la
lengua de la mujer y con unas tijeras la corta, porque esa lengua maldita era
todo el odio que le tenía, una lengua de víbora que hacía daño a las personas,
sobre a todo de aquellas que si la querían, pero la envidia de esa mujer
destruía vidas, toma el pedazo de lengua y lo deja en un plato en el
microondas, le da 3 minutos está listo; se lava las manos en la cocina
tranquilamente, abre la puerta del patio y la deja abierta para que los gatos
callejeros del barrio se den su festín, entra en donde está el cuerpo de la
mujer, siente el molesto ruido del disco que que suena “Pimpinela” y apaga la
radio de una patada, toma la silla de
ruedas y se sienta en ella, enciende un cigarrillo y mirando su obra de arte de
venganza disfruta del sabor del tabaco y del humo pero es interrumpido por el
golpe de la puerta, una y otra vez. El golpe se hace cada vez más fuerte, y
despierto en mi cama escuchando su desgraciada voz, que dice que no me olvide
de botar la basura, ella ya se va a diálisis y siento como se aleja con ese
enfermizo rechinar de su silla de ruedas.
Fin
Abril. 2014

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