Como cada noche la miraba a través de
mi ventana del cuarto piso como ella delicadamente tomaba su violín para
disponerse a tocar. En esta noche me
regala las dulces notas de Adagio for strings, cierro mis ojos y siento la
música en mi alma, me eleva, sus dedos acarician cada cuerda, al verla es como
una pintura que cobra vida, su cabello negro cuidadosamente peinado y su
vestido rojo que marca su figura, ella se mueve al compás de cada sonido como
si bailara con las notas, quiero tocarla, pero interrumpiría esa paz que cada
noche me regala.
Hoy esta magnífica, dándome un
concierto solo para mí, la luz de la luna ilumina el escenario que es su
balcón. Solo existe ella, su violín y yo. Cada nota es una caricia, un beso,
cada movimiento es un acorde al equilibrio de su cuerpo. Quiero que toque para
mi quiero ser su único público, quiero
que sea mía. Mis pensamientos vuelan a su cuarto, siento su perfume, su
respiración agitada al tocar con pasión. De pronto la música es interrumpida por el sonido
fuerte de un disparo, abro los ojos y
ella yace en el suelo, su sangre del pecho brota como si fuera una
adorno de su vestido, su mano derecha aun sujeta el violín y con su otra mano
busca el arco, quiere terminar su
concierto. La noche se sorprende al escuchar el estruendo del arma, en ese instante salgo al balcón
para que ella pueda verme al fin antes
que cierre sus ojos para siempre y en
las ultimas notas de su adagio un grito silencioso se vislumbra
en sus ojos cuando escondo el arma en mi espalda.
Fin
Agosto 2014

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