Los primeros
rayos de luz en la ventana le indican que comienza una nueva jornada, su reloj
psicológico lo hace despertar siempre a la misma hora. Su mujer aún abrazada a
su cuerpo le indica que sigue entregada al embrujo de Morfeo, se desprende
suavemente de ella para no impacientarla y le besa su hombro desnudo como de
costumbre y se dirige a su rito higiénico.
Abrió los ojos
siempre a las misma hora, su mujer estaba a su lado aun abrazada a Morfeo, la
beso en el hombro denudo y se levanto, se fue directo a la ducha, mientras el
agua caía por su cabeza repasaba cada palabra en la reunión de anoche, en su
retina tenia la imagen del anarquista, Pedro Ignacio Retamales Mardones, 27
años, tez blanca de 1.80 de estatura, ojos azules, pelo negro y largo con barba
descuidada, estudiante de derecho de la universidad de Concepción, líder del
grupo revolucionario Espartaco. Su última dirección informada calle Orella 457
Talcahuano. Se vistió pausadamente y se preparo un café muy cargado, encendió
un cigarrillo, mientras el humo salía de sus pulmones repasaba su misión, su
deber de buen Chileno, de su juramento, salvara al país con esta misión será un
héroe anónimo que solo muy pocos lo reconocerán, para que después solo quede en
el olvido; Termino su café y dejo la colilla del cigarro aplastada en el
cenicero. Volvió a su dormitorio y aun su mujer estaba durmiendo, con un beso
suave en la frente se despidió de ella y cerro la puerta, entro al cuarto de su
hijo que dormía abrazando a un soldado
de guerra que ayer el le regalo, solo le dio una caricia y le dijo muy despacio
al oído del pequeño “vuelvo pronto tu padre defenderá tu libertad” se puso su
chaqueta y su arma de servicio, tomo sus lentes oscuro y abrió la puerta.
Llegando a su auto miro a ambos lados de la calle, esta estaba vacía aun no
despertaba, abrió la puerta del auto y se sentó frente al volante, saco su arma
y la dejo en la guantera. Se vio en el espejo retrovisor, se regalo una
sonrisa,-”Hoy será un gran día para mi país”,- tomo las llaves en sus manos y
la metió en la ranura y al girar para hacer contacto el auto estallo en una
bola de fuego, el ruido despertó a todos, se quebraron algunos vidrios se
escuchaba el llanto desesperado de una mujer pero a lo lejos a dos cuadras un
pordiosero con las manos en los bolsillos se sonreía, nadie se percato de el,
solo un niño que salió de su casa con uniforme de colegio que lo miro
fijamente. Y asustado vio la cara del hombre, pero el pordiosero al sonreírle y
mirarlo con sus ojos azules y su pelo largo el niño se calmo, lo vio alejarse
doblando la esquina, su madre al llegar al lado del pequeño asustada por la
explosión le pregunto a quien mira
tanto, el solo le contesta “mamá, vi a Jesús, era Jesús”.
Fin
julio 2014

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